Case Study S-Log
Outsourcing: una herramienta
para combatir la crisis
Los periodos de crisis, al igual que los periodos de abundancia,
forman parte de la vida de cualquier empresa. Y son los primeros,
más que los segundos, los que tienden a funcionar como
catalizadores de la definición estratégica, la modernización y,
sobre todo, la búsqueda de una mayor competitividad, de forma que
todos los esfuerzos se concentren en el mercado y en superar a la
competencia.
A pesar de que la crisis es mala consejera, son raras las
empresas que aprovechan los periodos de abundancia para
redefinirse, reposicionarse o tomar decisiones de racionalización
de costes e inversión.
Por ello, en época de vacas flacas es cuando las empresas
cancelan inversiones y reducen recursos hasta el límite mínimo de
funcionamiento, comprometiendo en muchas ocasiones lo que más
debían conservar -el servicio al cliente- o la modernización de los
equipos de producción.
A estas alturas, la gran y única preocupación de las empresas,
en la que deberían apostarlo todo, recursos, medios, sangre, sudor
y lágrimas, debería ser vender.
Sin embargo, son muchas de estas mismas empresas las que
mantienen infraestructuras de almacenamiento o de producción, en
zonas privilegiadas o muy próximas a los núcleos centrales de las
grandes ciudades, poseen flotas en su mayoría envejecidas y con un
porcentaje de utilización por debajo del 50%, o próximo a él, y
recursos humanos desocupados para los almacenes y los transportes
por falta de cualificación o capacidad para desempeñar otras
funciones.
Entonces, ¿qué es más importante? ¿Reforzar el equipo de ventas
o mantener a personal que no aporte nada al negocio? ¿Aumentar el
área de ventas de las tiendas o mantener un pequeño almacén para
cada tienda, pagado a peso de oro, sin añadir un euro a las ventas?
¿Invertir en publicidad o mantener los medios de manipulación y el
almacén?
Con la crisis instalada, con la disminución de las ventas lo que
tenemos es un coste fijo pesadísimo en almacenes, vehículos,
carretillas y personal que se convierte en un gasto no productivo
de dinero que podía y debía estar destinándose a lo que constituye
la razón de ser de la empresa: la compra, tanto de materia prima
para la producción como de productos que comercializa; y la venta,
es decir, la satisfacción de las necesidades del mercado y del
cliente. Sin embargo, justo cuando es necesario concentrar
esfuerzos en la venta, en el cliente, y en la compra, sigue
existiendo la necesidad de que el Responsable, en ocasiones, el
dueño, se preocupe por lo que pasa en el almacén, cómo resolver la
ubicación de aquella carretilla, esencial para garantizar el
trabajo en el almacén, por si los pedidos llevan retraso, si el
camión ya cargó, cómo garantizar aquella entrega a un cliente
especial si el camión se averió a medio camino, etc.
Almacenes, máquinas, vehículos y recursos humanos poco
cualificados, con un bajo nivel de instrucción, reacios a cualquier
modernización, son las variables de un sistema de ecuaciones
denominado logística.
Esta es el área al que deben las empresas mirar si quieren
conseguir los medios financieros que necesitan para gestionar y
superar la crisis y convertir un problema en parte de la solución.
¿Cómo? Delegando esta actividad en terceros.
Con ello, generará liquidez, convertirá en variables aquellos
costes fijos que tanto pesan en la cuenta de explotación, tanto si
la empresa vende mucho como si vende poco, tenga stocks
conservadores o necesite trabajar con stocks más justos. La empresa
ganará capacidad de respuesta a las demandas de los clientes, podrá
ser más agresiva en el mercado, eliminará la falta de existencias y
dejará de querer saber cuántos empleados han faltado, justo hoy que
era necesario preparar ese pedido grande y el cliente ya
había amenazado con que, si nos volvíamos a retrasar, no nos
compraría más.
Un paréntesis para mencionar que la falta de existencias no se
erradica totalmente, ya que no existen niveles de servicio del
100%, sino que únicamente el coste de éstas pasa a un tercero: el
operador logístico.
Gestionar una empresa y un negocio es, por sí sola, una
actividad suficientemente compleja que requiere atención permanente
para garantizar que tiene la mejor cartera, el mejor producto, al
mejor precio, y que este binomio se ofrece con la comunicación
adecuada. Estos son los «drivers» del negocio y, como tal,
de la inversión.
Excepto para las empresas que viven de la actividad
inmobiliaria, ¿cuál es la ventaja de poseer una instalación donde
se invierten centenas de miles o millones de euros, o con un coste
por metro cuadrado que seguramente superará los 7 u 8 euros,
situada dentro o en la 1ª periferia de las ciudades? Alinear esta
ubicación significará, en caso de estar alquilada, reducir el coste
unitario de las infraestructuras logísticas en más del 50%, ya que
cualquier operador poseerá localizaciones optimizadas desde el
punto de vista del coste que permitirán inmediatamente obtener un
beneficio líquido mensual. Si las instalaciones fuesen propias,
entonces existirá una excelente oportunidad de realizar liquidez
mediante la venta, aprovechando la especulación inmobiliaria
existente en los centros urbanos. Sin embargo, tan importante como
este beneficio inmediato, resultante de la relocalización, es ganar
en optimización. El coste fijo resultante de la posesión de las
instalaciones pesa lo mismo en la cuenta de explotación cuando el
índice de ocupación es del 30% que cuando es del 80, 100 ó 120%.
Si, en el primer caso, el reflejo de la tercerización es una
reducción inmediata del 70% en los costes, en el segundo caso, el
operador es quien tendrá que preocuparse por la solución para
aumentar la actividad. En cualquiera de las situaciones, la empresa
«paga lo que consume», es decir, pasó a tener un coste variable que
sigue de forma directa las fluctuaciones de su negocio.
Por tanto, los beneficios son de liquidez, lo que se traduce en
más dinero para comprar productos o para invertir en el marketing,
de relación directa entre la venta y el coste de la venta, con la
inmediata transparencia entre lo que es rentable y lo que no, de
eliminación de «sobrantes», preparando a la empresa para ser más
competitiva y equilibrada, y por último, de inversión en las
actividades que añaden valor al negocio.
Esto se aplica a cualquier empresa, independientemente de su
dimensión. Es un error pensar que solo es para los demás. No. La
dimensión del problema puede ser diferente, pero es tan válido para
la empresa que posee un pequeño almacén de 500 m2, con
una gama compuesta de 10 ó 20 productos, como para la que tiene un
almacén de 15 000 m2, y 20 000 productos
diferentes.
Llegados a este punto, ya nos estamos imaginando a algunos de
los que se predispusieron a leer estas líneas pensando en lo
específico que es su negocio y lo compleja que es su logística.
Solamente nosotros conseguimos hacerlo bien, dirán.
Pues bien, yo les respondería que, en 20 años trabajando en
logística, ¡muy pocas veces he visto que esta afirmación resista a
algún análisis de tales especialidades! En tiempo de crisis, esta
no debe ser una limitación para la tercerización. O al menos sin
que sea objeto de análisis con un profesional de confianza.
En la actualidad, la logística, tal y como es encarada por los
operadores logísticos, es una actividad altamente sofisticada, con
profesionales cualificados, en donde la búsqueda de las soluciones
más adecuadas y económicas es permanente, con niveles de
productividad altísimos, sobre todo cuando se comparan con los de
la mayoría de las empresas que se encargan de su propia logística.
Esto sucede no solo por lo motivos anteriormente indicados, sino
también por las sinergias existentes entre las operaciones de
diversos clientes, convirtiendo pequeñas operaciones, cuando se
observan de forma aislada, en una operación a gran escala de la que
todos se benefician.
También los medios de manipulación, tanto carretillas,
preparadores de pedidos, porta-palés, etc., podrán contribuir a
ganar liquidez. Normalmente crisis es sinónimo de reducción de
ventas, lo que se refleja en menor trabajo en el almacén y la
consecuente subutilización de las máquinas.
¿Qué falta alinear? Los vehículos. Hoy día, es difícil
comprender por qué todavía existen empresas con flota propia,
independientemente de su dimensión. Aunque, obviamente, habrá
excepciones, en la mayoría de los casos, lo que puede justificar la
existencia de vehículos propios, además del conductor y su
ayudante, en un mercado donde la oferta excede considerablemente a
la demanda y los precios, está en el umbral de la pura cobertura de
costes y, como tal, muy por debajo de lo que serían en un mercado
más transparente.
¿Será lógico mantener un coste fijo en medios y personal en una
actividad en la que la rentabilidad proviene del porcentaje de
utilización de los vehículos y la escala? ¡Pues claro que no! Tanto
si los vehículos están en leasing o son alquilados o comprados, los
beneficios con la transformación del coste de transporte en
variable serán idénticos. Únicamente variará el grado de liquidez
obtenido.
Otros dos aspectos que podrán ser de gran relevancia en tiempo
de crisis son los llamados servicios de valores añadidos y la
logística inversa.
Los servicios de valor añadido son esenciales para impulsar las
ventas, especialmente la ejecución de kits promocionales o el
reembalaje. Estos dos tipos no son los únicos servicios de esta
índole, pero sí son los que nos interesa analizar. Normalmente se
trata de actividades limitadas en el tiempo, de mano de obra
intensiva y que, en muchas ocasiones, obliga a recurrir a
maquinaría sofisticada y costosa. Es evidente que, en estas
circunstancias, la utilización de medios propios es, en más de una
ocasión, costosa ya que difícilmente se pueden rentabilizar los
medios necesarios, al contrario de lo que sucede con los operadores
que se benefician de la escala, ganando con ello índices de
utilización adecuados para la maquinaria. En época de crisis, para
muchas empresas todavía es más importante utilizar estos servicios
como una forma de dinamizar ventas, pudiendo así hacerlo sin
riesgos y con el coste ajustado al servicio empleado.
La logística inversa es un área con un enorme potencial de
ahorro para las empresas, sobre todo, para aquellas que actúan en
las áreas de las tecnologías y las comunicaciones. Trasferir a un
operador todas las tareas que no necesitan mano de obra altamente
especializada, principalmente aquellas que pueden ser ejecutadas
por personal indiferenciado o poco cualificado, tales como pequeñas
reparaciones o cambios de equipos, representan una oportunidad más
de transformar los costes fijos en variables. Hoy en día, muchas
empresas multinacionales ya utilizan en Portugal los servicios de
operadores logísticos para que ejecuten estas tareas, lo que
demuestra la validez de esta opción, en costes, rapidez y calidad
del servicio. Lo que es válido para estas empresas que tienen un
permanente enfoque en los costes y en el servicio a los clientes,
necesariamente tiene que ser conveniente para todas las empresas y,
con total seguridad, todavía más válido en tiempos de crisis en los
que es imperativo reducir costes sin comprometer el servicio al
cliente.
Es el momento de que las empresas portuguesas den pasos
importantes en su modernización, lo que significará que se hagan
más competitivas tanto en el mercado interno como en el
externo.
Solamente el 10-12% de las empresas portuguesas que actúan en el
área del comercio de productos o en la industria recurren al
outsourcing de servicios logísticos. Este valor, en
España, alcanza cerca del 25% y en el Reino Unido, país donde la
logística es líder mundial, supera el 50%.
Analicemos el caso de nuestros vecinos. La economía española ha
crecido en los últimos quince años de forma ejemplar, especialmente
para los portugueses, que siguen pensando que la gallina del vecino
es mejor que la de ellos en lugar de intentar pentender por qué la
de ellos rinde más.
Hace quince años, las empresas españolas tenían una pequeña
dimensión, escaso rendimiento, una deficiente organización y
métodos, el desempleo alcanzaba casi el 30%, la crisis estaba
instalada. ¡Y hoy tienen facturación y redes de ventas de gran
dimensión incluso a nivel europeo! ¿Será por casualidad? ¿Cuál es
el secreto español?
Invirtieron en ventas y marketing y en la modernización de las
empresas. Paralelamente, los operadores logísticos crecieron y se
convirtieron en socios esenciales para el desarrollo de las
empresas, así como en guardianes avanzados de la invasión del
mercado portugués.
¿Qué impide a las empresas portuguesas seguir el mismo camino y
aplicar las mismas soluciones?
Las empresas portuguesas no corren el riesgo de encontrar
operadores logísticos con una organización incipiente o métodos
arcaicos. Existen al menos dos decenas de ellos en la vanguardia de
lo que son las mejores prácticas tanto en términos organizativos
como en sofisticación informática.
La calidad de muchos de los operadores logísticos existentes en
Portugal es la mejor garantía de que la decisión de entregar la
logística a un tercero se reflejará en un mejor servicio al mejor
coste y será un factor fundamental para vivir mejor en tiempos de
crisis.